El proyecto de ley sobre apuestas deportivas en Massachusetts apunta a un impuesto del 51%, prohibiciones de apuestas y programas VIP

Los legisladores de Massachusetts están debatiendo cómo debería ser el marco legal de las apuestas deportivas en el estado. Y esta vez, la propuesta sobre la mesa remodelaría de forma drástica el mercado, de una manera que a los grandes operadores no les va a gustar.
Un tipo impositivo del 51% situaría a Massachusetts entre los mercados de apuestas más agresivos
El proyecto de ley S.302 del senador John Keenan ha sido reactivado para la sesión legislativa 2025–2026 y avanza por el Capitolio estatal después de que su plazo de informe se ampliara el 15 de enero hasta el 6 de marzo de 2026. Esta prórroga da más tiempo a los legisladores para decidir si mantienen el marco actual casi intacto o si dan un giro regulatorio mucho más agresivo.
En el centro de la propuesta se encuentra una subida fiscal masiva. Actualmente, Massachusetts grava las apuestas deportivas online con un 20% en virtud del Capítulo 23N. El proyecto de Keenan elevaría esa tasa hasta el 51%, igualando a Nueva York y colocando a Massachusetts entre los mercados de apuestas móviles con mayor carga impositiva del país.
Para las casas de apuestas sería un cambio sísmico. Para los apostantes, podría traducirse en menos promociones y una oferta de apuestas más limitada. En otras palabras, el impacto se notaría tanto en empresas como en jugadores.
Ese catálogo se reduciría de forma considerable con la S.302. El proyecto prohibiría tanto las apuestas de proposición como las apuestas en directo, dos categorías que impulsan la participación y los ingresos en las casas de apuestas modernas. El resultado sería un regreso a un modelo más tradicional, centrado únicamente en apuestas previas al partido. Sus defensores sostienen que esto reduce las apuestas impulsivas, pero los críticos afirman que priva a las plataformas legales de lo que mantiene enganchados a los usuarios.
La propuesta de Keenan también pone el foco en los programas VIP y de gestores personales. El texto prohibiría que empleados, afiliados o socios reciban compensaciones basadas en el volumen de apuestas o depósitos de los clientes, desmantelando en la práctica los modelos VIP ligados a comisiones. Los partidarios consideran que este cambio elimina incentivos para fomentar apuestas de alto volumen, mientras que los detractores argumentan que no distingue entre prácticas depredadoras y un servicio legítimo al cliente.
De la prohibición de los VIP a los controles de asequibilidad: la S.302 apunta a cómo apuesta la gente
El juego de alto riesgo estaría sometido a un escrutinio adicional mediante controles obligatorios de asequibilidad. Según el proyecto, los apostantes que intenten jugar más de 1.000 dólares en un solo día o 10.000 dólares en un mes tendrían que superar una evaluación financiera. Los operadores estarían obligados a verificar que esas apuestas no superan el 15% del saldo bancario disponible del usuario, introduciendo límites estrictos al gasto individual.
La publicidad también se vería restringida. La S.302 prohibiría los anuncios de apuestas deportivas durante retransmisiones televisadas de eventos deportivos, añadiendo otra capa de limitaciones destinadas a reducir la exposición, particularmente entre los espectadores más jóvenes. En este punto, el objetivo declarado es proteger a las audiencias vulnerables.
Keenan ha sido cada vez más claro sobre sus preocupaciones respecto a cómo ha evolucionado el mercado desde la legalización. En una audiencia celebrada en noviembre, declaró: “Cuando voté a favor de legalizar las apuestas deportivas, nunca pensé que se convertirían en lo que son ahora”. Con ello dejó patente su creciente malestar con el rumbo del sector.
Por el momento, la S.302 sigue en comisión, pero el plazo del 6 de marzo es el próximo punto clave de presión. Si el proyecto avanza, los operadores pondrán el foco en el impuesto del 51% y en las restricciones a las apuestas, mientras que los defensores de la salud pública destacarán los controles de asequibilidad y los límites a la publicidad. En última instancia, los legisladores deberán decidir si Massachusetts quiere un mercado fuertemente constreñido o mantener el modelo actual.